Reseña · OPUS MEI, de Lucía Alba Alcántara (Editorial Poesía eres tú, 2026)

Conviene decirlo de entrada, sin rodeos: hacía tiempo que un primer libro de poesía no se plantaba ante el lector con esta determinación. OPUS MEI, de Lucía Alba Alcántara (Editorial Poesía eres tú), no pide permiso ni busca agradar. Es un libro que se sabe lo que quiere y va a por ello como quien cruza un campo de batalla: con la cabeza alta y el verso por delante.

La autora —sevillana de Dos Hermanas, médica de profesión— ha construido un poemario en forma de procesión de penitencia: diez estaciones que van del cautiverio a la gratitud. Y lo ha hecho con un castellano de raíz clásica, denso, latinizante, que no rehúye el cultismo ni el riesgo. Donde otros aguan el idioma para que cualquiera lo trague sin masticar, Alba Alcántara lo carga de pólvora. El que quiera leerla tendrá que ponerse a la altura.

El libro arranca con el alma presa —«Cautiva, / los pies en mis ruinas y el alma a la intemperie»— y termina con una afirmación soberana que no es soberbia, sino conquista pagada a precio de dolor: «me digo emperatriz / porque ayer acontecí cielo y tierra.». Entre uno y otro extremo hay un combate cuerpo a cuerpo con la propia vida, librado verso a verso, sin red.

Hay poemas que son letanías de filo cortante, como ese MEA CULPA que pasa revista a las miserias del hombre contemporáneo y remata sin absolución posible. Y hay aciertos de imagen que se clavan y se quedan: la madre que desea a su hija no venturas sino adversidades fecundas, porque «no es dicha dar en diana, / sino el amor de arquero / para poder emanciparse.». Eso, señores, es escribir.

No es un libro fácil, ni falta que le hace. Exige relectura y paga con creces a quien la concede. En tiempos de poesía descafeinada, OPUS MEI tiene el mérito impagable de creer todavía que la palabra es un asunto serio. Bienvenida sea esta penitente que no se arrodilla ante nadie salvo ante el idioma.

Javier Pérez-Ayala